La foto es de un día de octubre, entonces pensaba que mi viaje estaba acabando y en realidad no hacía mas que comenzar.

En el mundo de hoy, vivimos rodeados de gentes, de cientos de cosas, y en realidad no nos damos cuenta de que casi siempre estamos solos.
En la Captain Cook Bay, a miles de kilómetros de casa , las horas pasaban muy despacio y pese a la soledad , poco más necesitaba ; para comer, unos cocos que Carmelo y yo recogimos y que fueron el más dulce manjar. Y para nuestro disfrute, nuestros pensamientos y una inmensa naturaleza con la que recrearnos.

Paradójico: vas a una isla lejana, con la idea de superar una dura prueba, casi de sobrevivir, y allí, prácticamente solo, apartado de tu modus vivendi, te sientes reconfortado. A menudo, como pasa en esas impersonales grandes ciudades, la soledad y la desorientación viene después.

No, amigos, no pasa nada. Estoy bien. Pero ya sabéis los que allí habéis estado .Volver es duro y no por la vuelta, ni por el viaje, ni por haber dejado nada allí… solo que la vida un año atrás tenía otra cadencia y solo es necesario encontrar un ritmo para la vida nueva.
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