¿A quién tengo por compañero de gimnasia?

Uno solo me basta. Earinius, mi joven esclavo.
Pero busco a alguien que sea de edad más temprana;
Ya ahora apenas puedo alcanzarle en la carrera:
dentro de algunos días, me será imposible.
Seneca, en Cartas a Lucilius.

Cada sábado de invierno, a primera hora, solemos ir a los bosques a correr.Cada sábado. Cada temporada, un año tras otro. Es magnífico encontrarte con los discípulos, aún en el frío de la mañana, ver sus rostros antes de comenzar, y luego, jadeantes, encontrarnos cara a cara al final de cada recorrido ó cada fracción. Sonreirse ó simplemente cruzar miradas cómplices en la agitación, cuando el reposo es tan solo el movimiento suspendido ó aplazado, a punto de reiniciarse.
Sobre el suelo congelado de la mañana, los alumnos son enemigos si, como ahora, me lanzo a correr con ellos ¿ Qué sientes? pues que una fracción de segundo antes de que mis piernas actúen, las de los más jóvenes ya están en movimiento. Luchas por alcanzarlos, pero nunca puedes. Empujas, con toda la carga de la madurez, y no logras dar alcance a los más jóvenes, como si un espacio intacto te impidiera llegar allá.

Aún así, y tal vez por ello, me gustan sus rostros triunfantes, ambiciosos, sudorosos, cuando se acercan hacia mi, terminada la sesión… pero no olvidéis, les digo a veces: mi cuerpo, al igual que mi alma, no se rinde; pese al paso del tiempo, o tal vez por eso mismo y aunque las esquirlas y heridas de la propia vida ya lastren.
Seguir corriendo, siempre.
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