Últimos días en los que uno no se acaba de acostumbrar a la jilipollez de una gran parte del mundo triatlético, cuando se nos habla de records en la distancia Ironman…

Que no. Por favor, dejen de hablar de records cuando las distancias no son homologadas, y ni falta hace que lo estén. Las distancias son siempre aproximadas, pero nunca exactas. Los recorridos nunca son iguales. No hay anemómetros para medir el viento a favor. La orografía siempre es distinta de un lugar a otro…

El colmo de los colmos es escuchar a jóvenes triatletas discutir,  porque uno de ellos tiene mejor marca en un sprint que su compañero , cuando están hechas en lugares distintos, ó cuando escuchas, incluso a triatletas con ya años de competición, que tienen una marca en los 5.000 de un sprint de 17’00”, por poner un ejemplo socorrido, cuando ni siquiera saben si la distancia que corrieron fue exactamente esa.

La marquitis tiene mucho que ver con la corriente social del éxito exhibido y con la malinterpretación y el desconocimiento de las reglas y la tradición triatlética.

Se puede (e incluso se debe), hablar del puesto conseguido, pero lo de la marca sobra. A nadie se le ocurre pensar en la marca que hizo tal ciclista en los 200 kms. de tal etapa del Tour, pero se sabe quién ganó ó incluso quién hizo podio. El puesto se puede consultar en las clasificaciones; pero nadie habla del tiempo realizado.

Y mientras, Carlos Ramirez sigue estableciendo records, en su camino ya hacia el 50º Ironman finalizado, se ha clasificado 15º en el Altriman. ¿A quién le importa la marca?

Reflexionemos ¿en qué clase de engendro estamos convirtiendo  nuestro deporte?

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