El sol maravilloso… que llega con fuerza y traspasa la piel, nos llena de vida y de optimismo. Lo hemos necesitado este invierno, pero a menudo hemos tenido que ir a buscarlo lejos.

Llega el sol y tenemos la sensación de que podemos permitirnos algun capricho. Cuando los días son más cortos y oscuros, la fatiga nos vuelve huraños y silenciosos; ahora que la luz lo inunda todo, la fatiga nos debe servir para reflexionar y hasta para buscar cualquier matiz de belleza que de otra forma pasaría desapercibido.

Siempre el sol. El sol de mi primera juventud, de los amaneceres corriendo largo por los caminos,ó de los lentos atardeceres agonistas de marca personal en la pista: en Castellón,Gijón, San Sebastián, ó en cualquiera de Madrid; sobre la hierba, tumbado después, tirado, enteramente empapado, con la piernas vencidas, iguales a las del vencedor. La sed. El agua.

El sol del verano triatleta , el fuego sobre los cuerpos. Siempre el sol que nos quema, en alianza con el viento.

Me he empapado en jornadas de luz inagotable, y espero hacerlo por años. Es mi ideal vital. Que el sol cante en el día y la luna lo haga en la noche pura.

El sol procuró que recuperara lo que las tinieblas me hicieron perder.