Hace ya muchos años, el padre de los actuales Juegos Olímpicos, Barón de Coubertin, describió la actividad deportiva en su obra Oda al Deporte, como “un placer de dioses, la esencia de la vida, una fuente de belleza, justicia , paz y progreso”.

A pesar de los sucesos acaecidos en algunos acontecimientos deportivos , (los atentados de Munich 72, la tragedia del estadio Heysel, los sucesos de los Juegos de Atlanta. ..), puedo seguir creyendo en estos ideales.
Pese a la inevitable comercialización, el fantasma del dopaje y la locura de los violentos,los Juegos Olímpicos y cualquier otra manifestación deportiva, siguen siendo citas que determinan una tarea en común: la fraternidad entre los hombres, la paz entre los pueblos.
Quién no recuerda aún, como si fuera un desgarro permanente que dificilmente restañará, los atentados del 11-S en Nueva York??? Imposible olvidarlo. Para muchos triatletas , en su camino a Hawaii, aquello supuso un golpe duro y una gran dosis de estupor, aunque no fuera esto sino una anécdota entre tanta trascendencia y tanto dolor… Aunque en un contexto lobal no lo debíeramos considerar importante, por primera vez, el IM Hawaii estaba a punto de suspenderse.Esto para el mundo no significaba nada, pero la pequeña historia de nuestro deporte, de esta manera, se veía mediatizada por la locura del terrorismo.
Muchos acontecimentos deportivos de gran difusión y trascendencia fueron suspendidos en los EEUU, pero el Hawaii Ironman mantuvo su convocatoria. Hubo voces que protestaron porque aquella competición no se paralizara; sabia decisión la de quienes consideraron que todo debía seguir su curso. Precisamente el Ironman debía celebrarse porque es esa violencia irracional la que hace necesaria la existencia de estas manifestaciones deportivas. Seguiremos necesitando de ellas hasta que el ser humano, envilecido por miles de años de enconado militarismo, entienda que un héroe es alguien dispuesto a morir por una causa, pero no a matar por ella.
De todas las maneras, EEUU y algunas otras potencias no han sido en la reciente historia ese ejemplo que cualquier deportista busca. Tan solo hay que escuchar e interpretar sus himnos; podemos escuchar estrofas que nos hablan de guerras, de vencedores por las armas, estelas de cohetes… son himnos trasnochados, fruto de nacionalismos exacerbados que de ningua manera deberían concordar con el sentir del deportista.
Cruzar una linea de meta con una bandera que represente a nuestro pueblo está bien. Está bien saber que somos parte de algo, como somos parte de alguien, que pertenecemos a algún sitio, pero no necesita el Hombre, en absoluto, himnos compuestos con estribillos de muerte y guerra, difícilmente conciliables con los inicialmente citados términos de progreso, belleza y paz de Pierre de Coubertin.
Pienso que algún día, lejano aún, veremos algunas de estas anacronías desaparecer. Como tal vez podamos ver deportistas en los podios, emocionados, recibiendo su simbólica recompensa, bajo los acordes de alguna bella canción que nos hable de los valores inmutables enunciados por el impulsor de los modernos JJOO.

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