Cuando el frío nos atenaza ahí fuera, nada mejor que una semana off, o al menos muy fácil, y aprovechamos para evaluar indoor.

Hace años, se nos hacía muy difícil evaluar en bici. Sí, normalmente teníamos tramos que recorríamos contrareloj, ó ascensiones típicas en cronoescalada, de las cuales registrábamos tiempo, velocidad, e incluso pulsaciones; el pulso era nuestro único dato “extrapolable” para prescribir con posterioridad entrenamiento. Esto lo acuñábamos algunos del Dr. Conconi, el italiano, que solía prescribir entrenamiento por pulso, en relación a un test incremental del que yo he hecho cientos en rodillo, anteriormente y también después muchos a pie.
Los primeros tests ya los hacía, allá por el año 85, con un pulsómetro que me trajeron de Finlandia cuando aún no se comercializaban en España, inspirado por un artículo de Manuel Pascua Piqueras en la revista Corricolari.Entonces utilizaba la ahora pieza de museo Polar Sport Tester 3000, y mis compañeros de entrenamiento entonces se mofaban de mi diciéndome que dónde iba con el televisor en la muñeca.

Posteriormente, el púlsómetro Polar Sport Tester 4000 fue para mi una revolución y un gran avance, con un programa ya preestablecido volcaba los datos a una consola con software incorporado y determinaba la pulsación para el umbral y la velocidad a la que se producía la controvertida inflexión que determinaba posteriormente todos nuestros ritmos. Que decir. Toda una época dorada del entrenamiento y una gran autopista abierta a la evolución de los métodos.

Sin duda, la medición de la potencia fuera del laboratorio y en nuestra propia bici es para mi, el gran avance de esta nueva era en la evaluación , planificación y prescripción del entrenamiento; como en su día fue la aparición de los medidores de frecuencia cardiaca.


Os muestro algunos de los tests que realizo con medidor de potencia en rodillo. Las imágenes son reveladoras. : en dos de ellos, contrarelojs de 20′, vemos la fluctuación del pulso y de la potencia. En el primero de ellos, con un ciclista con sentido del ritmo erróneo, inicia la cronometrada , pese a que se le insiste que la haga progresiva y empezando de menos a más, mucho más rápido de lo debido, ya que utiliza la frecuencia cardiaca como referencia; como se puede ver, la frecuencia cardiaca es baja al principio para valores de potencia aceptables, y pese a que en la segunda parte del test la frecuencia cardiaca se mantiene e incluso aumenta, la velocidad, (linea azul) y por tanto la potencia, (linea amarilla) sufren una reducción. Vemos claramente como la frecuencia cardiaca no es la mejor manera de controlar y distribuir nuestro rendimiento.

En el segundo test de 20′ vemos como el deportista, (en este caso familiarizado con la potencia, pues entrena con un medidor de watios), inicia la contrareloj de forma más homogénea, acabando el tramo final incluso más fuerte, con un incremento de su rendimiento. Pese a que, si observamos con detenimiento, el comportamiento de ambos deportistas en relación a su frecuencia cardiaca es similar, vemos nitidamente como el no familiarizado con el control de su potencia sufre una reducción en su rendimiento, no así el segundo sujeto, que distribuye mucho mejor su capacidad, logrando optimizar sus posibilidades. En todo caso, está muy claro que la utilización de esta herramienta permite al ciclista ó triatleta educar sus sensaciones, mejorar la distribución de su esfuerzo, conocer perfectamente sus distintas zonas de entrenamiento y por tanto aplicar coherentemente distintas intensidades en cada entrenamiento ó competición.
Por último, os dejo otra gráfica, esta pertenece a un test incremental con toma de lactato, en estadíos de 4′, podeís ver la evolución de los watios y la frecuencia cardiaca del deportista durante la realización del test.

No paséis mucho frío ahí fuera…

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