Tal vez es lo que debamos hacer las próximas semanas; ausentarnos un tanto de alguna de las rutinas cotidianas, y escapar, lejos, allá donde solo se escuche silencio. Difícil, cada día más, por aquello de las mayores ocupaciones, responsabilidades… pero si queremos ser como siempre fuimos, habrá que rendir culto a nuestras viejas costumbres; al menos no alejarnos de nuestra esencia.

Ausentarse. Perderse largas horas. Tal vez apagar el móvil, ó ponerlo en silencio. Disculparme si me llamáis y no lo cojo. Niza , a ocho semanas casi ya; en este tiempo que resta, habrá que intentar restañar el tibio compromiso con el entrenamiento de los últimos meses, por aquello de las escasas horas de asueto, y … ausentarse para, al menos, entrenar con algo más de convicción y reencontrarse dignamente con La Distancia, en mayúscula. Niza aguarda, después de muchos meses ausente de ese día mágico del Ironman. Mi último acto, un día de octubre en Kona, hace ya 19 meses…

Mientras muchos compañeros ó amigos estaban en Lisboa, ó Elche, nosotros nos ausentamos. Viajamos a nuestras montañas. En las largas horas sobre la bici , el domingo, Sara y Ricardo, fueron mi compañía. Como otras veces. Y también, como tantas y tantas otras, las montañas de Gredos
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