Tenemos el gran reto por delante de vivir más despiertos; difícil cuando la luz del otoño es más tenue y mortecina y nos invita a escondernos , refugiarnos y no luchar frente al invierno, como hicimos en la beligerante juventud.

“Meditación” “Lucidez” “Sosiego”, son términos familiares para el deportista , en esos momentos en los que el entrenamiento es  denso y la simbiosis cuerpo mente se alcanza sin esperarse; energía que se halla en el interior, pese a que hoy miremos alrededor y pretendamos alcanzarla con estímulos externos.

Hubo un tiempo en el que vivíamos mucho más pendientes del viento ó el cielo y a menudo la vida de apego a  la ciudad ó el abuso de lo artificial nos resultaba extraño. Ciertos desórdenes psicológicos producto de la tecnología ó las conductas perniciosas que hoy contemplamos con cierta incredulidad, nos eran del todo ajenas.

La vida interior desaparece. Y no hablo de religión, sino de espiritualidad. Parece que no hay tiempo para el sosiego, sino para la inquietud.

Es por esto que urge cambiar la disposición mental. En nuestro interior, hay un espacio para retomar la intuición y la inspiración sin tanto dogmatismo saturado.

En el estruendo en el que vivimos, magnificado por altavoces (redes), en las que la voz del ofuscado y contaminado de artificio se escucha igual que la del sosegado ó bondadoso, se impone un regreso al origen , al silencio que vio todo nacer, al espacio interno que nos motivó a vivir como somos , (energía, confianza, alegría, tranquilidad) , rechazando lo que nos perturba, (odio,  obsesión y temor).

Entonces, volveremos a vivir despiertos, como ayer.

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